Estrategias nutricionales para mejorar composición de la leche

Las cantidades de proteína, grasa y lactosa que son sintetizadas por la glándula mamaria dependen de las cantidades de substratos, como el acetato, el butirato, los ácidos grasos de cadena larga, los aminoácidos y la glucosa.

De acuerdo con L. Dwain Bunting, director de Mercadotecnia y Servicios Técnicos para Rumiantes de la división de Nutrición y Salud Animal de la compañía ADM, mientras que la lactosa casi no cambia, la grasa puede alterarse fácilmente mediante manipulación dietética, independientemente de la proteína.

La concentración de la grasa es influenciada por la relación entre el forraje y el concentrado, el tamaño de la fibra, la frecuencia de alimentación, el contenido de almidón y el consumo de grasa en la dieta.

La relación forraje/concentrado se refiere a mantener un nivel entre ambos alimentos que garantice un mejor contenido de grasa. Mientras que unos aconsejan una relación de 60 % de forraje y 40 % de concentrado, otros recomiendan 55:45. Esto se debe tener como valor referencial, pues un mayor grado de concentrado altera el pH ruminal.

En la dieta también deben considerarse niveles de carbohidratos no estructurales, como el almidón, azúcares y pectinas, que mejoran tanto la grasa como la proteína. Estos carbohidratos deben constituir entre el 34 y el 40 % de la materia seca total de la ración.

Para esto, el suministro de granos como el maíz y el sorgo son fundamentales. También hay que tener en cuenta que su procesamiento tiene un efecto en la composición. Por ejemplo, el maíz en hojuelas incrementa el porcentaje de proteína en la leche mientras que disminuye el de grasa.

El nivel de fibra también influye. Forrajes finamente molidos afectan negativamente el proceso de rumia, lo que puede conducir a un menor porcentaje de grasa. Las vacas requieren un mínimo de 19 a 21 % de fibra detergente ácido o 17 % de fibra cruda.

En cuanto a la frecuencia de alimentación, se recomienda que las vacas tengan disposición de alimento en todo momento y todos en conjunto, pues si se hace de forma separada, se corre el riesgo de que el animal sufra una alteración metabólica.

De otro lado, la proteína resulta mucho más difícil de alterar, aunque es igualmente posible con una buena nutrición. Aquí también aplican factores como la relación forraje/concentrado, que para una mayor producción debe ser de 55:45.

Se debe tener en cuenta que al mejorar el contenido de grasa, se puede incurrir en el detrimento del contenido de proteína. Por eso, además de alimentos como las leguminosas con altos niveles de esta sustancia y suplementos con el germen de maíz, se pueden suministrar proteínas sobrepasantes que incrementan el porcentaje en la leche.

Estas se encuentran en fuentes de origen animal, como la harina de pescado y otros subproductos. El productor debe hacer un balance adecuado entre estas, que son consideradas no degradables, y las degradables.

Entre un 35% y 40 % de proteína no degradable debe suministrarse a nivel ruminal, aunque esto solo debe hacerse en vacas de alta producción, que superen los 25 litros diarios.

Finalmente, tenga en cuenta que el volumen de la leche es determinado casi completamente por el suministro de glucosa o energía y es altamente dependiente de la cantidad de almidón fermentado en el rumen. Al suministrar compuestos de almidón como el germen de maíz, no solo se aumenta la proteína sino también la producción del lácteo.


Fuente: Contexto Ganadero

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